Adiós al w12: bentley desmantela un legado de potencia

El rugido del motor W12 de Bentley ha cesado. Un sonido que definió una era en la industria automotriz, y que ahora se desvanece en la memoria. El abril de 2024 marcó el final de una era para el fabricante británico, un capítulo que merece ser recordado.

Un motor que revolucionó el lujo

Un motor que revolucionó el lujo

El W12 biturbo de 6.0 litros, desarrollado por Bentley, no solo ofrecía una potencia impresionante – 559 CV y 650 Nm de par – sino que también sentaba las bases de un nuevo enfoque para la marca. Este motor, concebido por Ferdinand Piëch, se convirtió en el corazón de modelos emblemáticos como el Continental GT y el Flying Spur, transformando la percepción de Bentley.

El Bentley Flying Spur, lanzado en 2005, no fue simplemente una berlina de lujo; representó una apuesta audaz por segmentos superiores. Compartía componentes con el Volkswagen Phaeton, generando controversia sobre su verdadera identidad, aunque la calidad de los acabados y el diseño, con toques modernos, distinguían al británico de su par alemán. La distancia entre ejes de 3,06 metros garantizaba un espacio interior excepcional, especialmente en las plazas traseras.

La configuración de cinco plazas, con opción a cuatro con asientos individuales traseros, y detalles de diseño como botones metálicos y tapón del depósito, evidenciaban una atención al detalle que superaba a sus rivales. El Flying Spur no solo competía con el Mercedes Clase S y el BMW Serie 7, sino también con alternativas de lujo como el Maybach 57, especialmente en sus versiones de batalla larga.

El comportamiento de la berlina era sorprendentemente ágil para un vehículo de su tamaño, lejos de la sensación de manejar un barco. La transmisión automática de seis velocidades de ZF y el sistema de tracción total permanente garantizaban una aceleración de 0 a 100 km/h en apenas 5,2 segundos, a pesar de pesar cerca de 2.500 kg. Un depósito de 90 litros, hoy una cifra escandalosa, era estándar en aquella época. El consumo mixto se situaba en torno a los 18 litros/100 km, aunque el motor no requería gasolina 98.

Con el tiempo, Bentley optó por una renovación con un motor V8 de 4.0 litros para la gama más básica, relegando el W12 a la versión tope de gama. Esta modificación permitía reducir el peso y el consumo, sin sacrificar demasiado rendimiento. En 2005, el precio del Bentley Flying Spur superaba los 184.832 euros, una inversión considerable incluso para la época. Hoy, unidades en buen estado se encuentran entre los 30.000 y 40.000 euros.

El motor W12 de Bentley no solo elevó el listón de la potencia y el lujo, sino que también demostró que la ingeniería de precisión y la atención al detalle podían crear una experiencia de conducción única. Un legado que, aunque silencioso, permanece.

La desaparición del W12 de Bentley no es solo la pérdida de un motor, sino el final de una era en la que el lujo y el rendimiento se unieron en perfecta armonía. Un recordatorio de que incluso los sonidos más poderosos, eventualmente, se silencian.