Aerotech: el concepto que superó al bugatti veyron en 1987
El Bugatti Veyron, hasta ahora un monolito de velocidad, tiene un predecesor inesperado. Un prototipo de 1987, el Oldsmobile Aerotech, desafió récords que el Veyron de serie apenas supera hoy.

Un rival olvidado en la historia del motor
La obsesión por la velocidad comenzó en 1898 con el eléctrico Jeantaud, pero fue el Jaguar XK120 en 1949 quien abrió camino a las velocidades modernas. Luego, Oldsmobile apostó fuerte. Con la caída de los muscle cars clásicos, la marca necesitaba un proyecto arriesgado. Ed Welburn, entonces subdirector de diseño, visionó un superdeportivo inspirado en las 24 Horas de Le Mans. El proyecto Aerotech, nacido en 1985, fue un desafío aerodinámico desde el principio: la inspiración en el Porsche 917LH se tradujo en una cola corta, buscando estabilidad a velocidades extremas.
El motor, un turbo de cuatro cilindros en línea de 2.3 litros, alcanzó los 350 km/h en pruebas iniciales. Pero Oldsmobile no se detuvo ahí. Una versión biturbo de 900 CV surgió para reescribir los récords. En 1986, el Aerotech demostró su capacidad en el circuito de General Motors en Mesa (Arizona), alcanzando 420 km/h en dos vueltas. La marca consiguió, así, un récord de velocidad en pista cerrada de 413,5 km/h. El Veyron de serie, con sus 406 km/h, sigue siendo impresionante, pero el Aerotech, un concepto descartado en 1992, demostró que la búsqueda de la velocidad no conoce límites.
El desarrollo se detuvo por decisiones estratégicas de General Motors. Un error, quizás. El Aerotech, más que un simple prototipo, encapsulaba una visión audaz de lo que podía ser un superdeportivo americano. Un legado olvidado que resurgió para demostrar que la ingeniería, a veces, anticipa el futuro.
La cifra habla por sí sola: 420 km/h en 1986. Una hazaña que el Bugatti Veyron, despegado casi dos décadas después, solo logró superar con un margen estrecho.
El Aerotech, un fantasma del pasado, nos recuerda que la innovación no siempre se recompensa inmediatamente. Pero sí deja una huella imborrable.
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