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Carreteras: 905 millones para tapar agujeros y modernizar túneles

El Ministerio de Transportes ha dado un tímido espaldarazo a la infraestructura viaria española. Tras años de quejas y baches que parecían cráteres lunares, se ha desbloqueado una inyección de 905 millones de euros procedentes del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. La pregunta, como siempre, es si será suficiente para revertir el deterioro generalizado que afecta a nuestras carreteras.

Un mapa de cicatrices en el asfalto

La Dirección General de Carreteras, finalmente, ha identificado los 150 puntos más críticos del país, documentándolos con fotografías y vídeos. Un ejercicio que, aunque tardío, es necesario para comprender la magnitud del problema. El plan contempla la rehabilitación de 146 kilómetros de carreteras en 55 municipios, una cifra que, a pesar de ser positiva, palidece ante la extensión de la red que requiere atención urgente.

La inversión se distribuirá entre 37 provincias y Ceuta, con especial atención a las regiones que más sufren el desgaste del asfalto. A Coruña, Alicante, Almería, Burgos. la lista es extensa y refleja una realidad que afecta a la movilidad de millones de españoles. Pero lo que realmente preocupa es la gestión de estos fondos: ¿alcanzarán para cubrir las necesidades reales o se diluirán en burocracia y retrasos?

Túneles bajo la lupa: una prioridad a la sombra

Túneles bajo la lupa: una prioridad a la sombra

Más allá de la pavimentación, el plan incluye una inversión considerable, 325 millones de euros, para la modernización de 98 túneles repartidos por todo el Estado. Iluminación, ventilación, señalización. se busca mejorar la seguridad y el confort de los usuarios, elementos esenciales en estos espacios subterráneos. El proyecto de los túneles de Entrerregueras, Pando, Vegaviesga, Negrón, Oblanca, Cosera y Barrios, en la AP-66 entre León y Asturias, con un presupuesto de 76,3 millones, es uno de los más ambiciosos y cruciales para la fluidez del tráfico en esa zona.

Leapmotor, por su parte, aterriza en España con la confirmación de su planta en Figueruelas, Zaragoza, a partir de mediados de 2026. Una noticia que, aunque positiva para la industria automotriz nacional, plantea un nuevo reto: ¿podrán nuestras carreteras soportar el aumento del tráfico que traerá consigo la llegada de nuevos vehículos eléctricos?

El Ministerio de Transportes presume de impulsar la intermodalidad y la digitalización de las infraestructuras. Pero la cifra habla por sí sola: 905 millones de euros, una cantidad que, si bien es significativa, sigue siendo insuficiente para solucionar de forma integral los problemas de la red viaria española. La apuesta por un carril Bus-VAO en la B-23 a la entrada de Barcelona, con una inversión de 20,8 millones, es un paso en la dirección correcta, pero no resuelve el problema de fondo: la necesidad de una inversión sostenida y a largo plazo en la modernización de nuestras carreteras.

La solución, señores, no está en parches puntuales, sino en una estrategia integral que contemple la rehabilitación de la infraestructura existente, la construcción de nuevas vías y la promoción de modos de transporte más sostenibles. De lo contrario, el asfalto seguirá siendo un espejo roto de nuestras carencias.