El asfalto en erupciones: la guerra de irán sature a los conductores

El rugido de los motores se ha transformado en un lamento. La guerra en Oriente Medio, y el bloqueo del estrecho de Ormuz, ha desatado una tormenta perfecta en las gasolineras: el precio del combustible, ya fuera de palos, ha alcanzado niveles estratosféricos, superando los dos euros por litro.

Un drama en la gasolinera: ahorrar a toda costa

Joseba Barrenengoa, propietario de Easygas, lo reconoce: los conductores están recurriendo a todo tipo de trucos para recortar gastos. La velocidad moderada, ese clásico de la economía de combustible, es la solución más inmediata, pero por sí sola no es suficiente. La Unión Europea, con sus recomendaciones más duras, apela a medidas drásticas: el diésel, el modelo más vendido de marzo de 2026 –y créanme, les va a sorprender– se convierte en la clave para contener el bolsillo.

Pero la situación es mucho más profunda. El propietario de Easygas advirtió hace tiempo que la estabilización del precio del combustible sería un proceso lento, y la realidad está superando sus previsiones. Algunos países, incluso, están considerando limitar los desplazamientos innecesarios ante la amenaza de una crisis energética global.

Teletrabajo, rotación y compartir: la ue prescribe un nuevo código de conducción

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Barrenengoa, con la claridad que aporta la experiencia, enumera las alternativas que la Unión Europea sugiere: teletrabajo, rotación de vehículos según la matrícula, incluso compartir coche. “Medidas sensatas”, lo define con pragmatismo. “Si no movemos el coche, no gastamos. Es un llamado de atención a nivel personal”. Lo que nadie cuenta es que estas medidas, lejos de ser nuevas, son la misma receta que se aplicó durante la crisis de Ucrania en 2022.

Y mientras, en Málaga, un ladrón roba un reloj Richard Mille valorado en 700.000 € mientras el propietario repostaba su Ferrari. Una irónica muestra de la fragilidad de la situación, y de la necesidad de proteger lo que realmente importa. La gasolina, por ahora, es un lujo que pocos se pueden permitir.

La cifra habla por sí sola: el consumo de carburantes debe reducirse urgentemente. No se trata de una cuestión de moda, sino de supervivencia, al menos económica. La carretera, en este momento, es un laboratorio de estrategias de ahorro, y los conductores están probando cada una de ellas.