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El combustible se desinfla: el gobierno rescinde ayudas y el bolsillo del conductor se vacía

El 22 de marzo, la promesa de alivio al precio de la gasolina y el diésel se evaporó. El Gobierno, tras la tormenta del conflicto en Oriente Medio, implementó medidas de emergencia que, sin embargo, tenían fecha de caducidad. Ahora, la realidad vuelve a ser implacable: el 30 de junio, las ayudas fiscales se extinguen y el coste de repostar se dispara.

El precio del asfalto se prepara para el salto

El precio del asfalto se prepara para el salto

La medida, anunciada con pompa, consistía en una rebaja del IVA del 21% al 10% y una reducción del Impuesto Especial sobre Hidrocarburos. Durante semanas, estas acciones lograron contener, aunque no frenar, la escalada de precios. Pero la estabilidad era frágil, y ahora se desmorona. Los expertos ya vaticinan un incremento de entre 30 y 35 céntimos por litro, un golpe durísimo para los bolsillos de los conductores.

El 1 de julio, el mercado volverá a las reglas del juego. El IVA se recuperará a su tasa habitual, del 21%, y el Impuesto Especial sobre Hidrocarburos también reanudará su acción. La Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio (CEEES) avisa de un aumento directo de 29 céntimos en la gasolina y 22 céntimos en el diésel, cifras que, al aplicarse a los precios actuales, podrían elevar la gasolina a 1,743 euros por litro y el diésel a 1,743 euros, igualando los niveles de principios de año. Un escenario que recuerda la tormenta geopolítica que desencadenó la crisis.

A pesar de que la situación en Oriente Medio parece haber remitido, los analistas insisten en que la recuperación completa de los precios del combustible llevará meses. El Ejecutivo, lejos de extender la medida, ha decidido que el mercado debe volver a su estado natural, buscando reequilibrar sus finanzas públicas. La carga impositiva que se devolverá a los combustibles se calcula en casi 1.600 millones de euros en Alemania, y en España, la prioridad es evitar futuros déficits.

Mientras tanto, los sectores más vulnerables, como el transporte por carretera, la agricultura y la pesca, seguirán recibiendo bonificaciones especiales. Pero para la gran mayoría de los conductores, el futuro se presenta con un coste más elevado. La subida acumulada, combinada con la volatilidad del petróleo, podría generar una inflación aún mayor en el sector automovilístico y los servicios relacionados.

El fin de las ayudas fiscales no es solo un aumento de precios; es un recordatorio de la fragilidad de los mercados energéticos y de la necesidad de diversificar fuentes de suministro. Y, por ahora, el conductor español deberá asumir el coste de esa realidad.