El gobierno impone el verde: una flota de autobuses unificada para controlar la imagen pública
El ministro Óscar Puente ha anunciado una medida audaz que busca transformar la apariencia de la red de transporte público estatal: todos los autobuses concesionados deberán lucir un color verde uniforme, una decisión que desata polémica y plantea desafíos logísticos.

Unificación visual: ¿control o eficiencia?
La iniciativa, que exige la eliminación de los colores y logotipos privados, pretende reforzar la imagen de la administración pública y facilitar la identificación de los servicios de larga distancia. El Ministerio de Transportes argumenta que la diversidad cromática actual diluye la percepción de quién realmente financia y gestiona estas rutas.
“Es un error estratégico” la falta de visibilidad institucional, según fuentes del Ministerio. La medida, que se aplicará de forma progresiva a través de la renovación de contratos y nuevas licitaciones, implica una inversión considerable para las empresas concesionarias. No se permitirá ninguna excepción a los colores corporativos privados.
Enrique Miralles, director técnico de la Asociación Española de la Carretera, advierte sobre la falta de reinversión de los 30.000 millones recaudados por el sector. La unificación del color verde se presenta, no solo como una cuestión estética, sino como un mensaje de compromiso con la transición ecológica y una apuesta por revitalizar el transporte por carretera como alternativa al ferrocarril de alta velocidad.
El cambio, que se inspira en modelos europeos con identidades visuales coherentes, busca transmitir seriedad y unidad tanto a nivel nacional como internacional. La medida, que implica una supedicación del marketing comercial a las directrices del Ministerio, podría alterar radicalmente la relación entre la administración y las operadoras privadas.
El ministro Puente confía en que, a largo plazo, la
