El mazda 787b: la última danza del motor rotativo
La victoria de Mazda en Le Mans 1991 no fue solo una victoria; fue un grito de desafío, un triunfo de la ingeniería marginal que resonó en todo el mundo del automovilismo. Y ahora, décadas después, la marca japonesa nos ofrece una ventana íntima a la complejidad de mantener viva esa leyenda con un minidocumental que revela los secretos de su motor R26B, una bestia de cuatro rotores que parece destinada a permanecer única.
La obsesión por la precisión: un motor casi artesanal
El vídeo, de apenas seis minutos, no es un simple ejercicio de nostalgia. Es una disección minuciosa de un motor que, en su época, desafió todas las convenciones. El R26B, con su configuración de cuatro rotores, representa un nivel de complejidad técnica que hoy en día pocos se atreven a abordar. Olvídense de los bloques de pistones tradicionales; aquí, tres bujías por rotor impulsan una máquina capaz de alcanzar las 9.000 revoluciones por minuto, desatando una potencia de 700 CV y un sonido que, según muchos, es la banda sonora de una era dorada del motor de competición.
Lo que realmente impresiona es la dedicación necesaria para mantener este prodigio en funcionamiento. Cada componente es examinado al milímetro, y la escasez de piezas originales obliga a los ingenieros a recurrir a técnicas de recreación casi artesanas. La restauración de un motor R26B no es simplemente un trabajo de mantenimiento; es una reverencia a la obra de arte que representa, una preservación de su carácter y autenticidad.

Más que una victoria: un símbolo de innovación japonesa
La victoria del Mazda 787B en Le Mans en 1991 marcó un hito para la industria automotriz japonesa. Fue la primera vez que un fabricante nipón se alzaba con la victoria en la prueba de resistencia más prestigiosa del mundo, demostrando que una tecnología considerada “marginal”, como el motor rotativo Wankel, podía competir y vencer a las soluciones más convencionales. Un triunfo que no solo elevó el prestigio de Mazda, sino que también convirtió al 787B en un ícono de audacia y perseverancia.
Pero mantener viva esa leyenda no es tarea fácil. A diferencia de muchos coches históricos relegados a museos, Mazda continúa llevando al 787B a circuitos y exhibiciones, aunque sea de forma ocasional. Esto implica un esfuerzo constante de mantenimiento y reconstrucción, como lo demuestra la colaboración con Flis Performance, que ha restaurado cuatro coches de carreras Mazda en los últimos tres años, uno de ellos el 787B, que debutará en el
