El toyota 222d: el rally que nunca fue

El Toyota MR2, un deportivo de motor central que cautivó a muchos, tuvo un sueño frustrado: dominar el Grupo S de rallies. Un proyecto que, aunque prometedor, se vio truncado por la controversia del Grupo B.

Un prototipo de ensueño que nunca llegó a competir

Un prototipo de ensueño que nunca llegó a competir

La década de 1980 fue la era dorada del Grupo B, una categoría de rallies que desató la pasión y el peligro. Coches como el Audi Quattro, el Lancia 037 y el Ford RS200 se convirtieron en leyendas. Ante la creciente inseguridad de esta clase, la FISA (Fédération Internationale du Sport Automobile) buscó una alternativa: el Grupo S, concebido como una evolución más segura con restricciones de potencia y regulaciones técnicas más estrictas.

Toyota vio en su MR2, con su configuración de motor central, una base ideal para este nuevo desafío. Así nació el proyecto 222D, desarrollado en la división de Toyota Motorsport de Alemania alrededor de 1985. Visualmente, el coche se parecía al MR2 de producción, pero con una apariencia más agresiva, tomas de aire adicionales y modificaciones en los parachoques. La suspensión independiente en el eje trasero y de doble brazo en el delantero prometían un rendimiento superior.

El prototipo, que pesaba apenas 750 kg, inicialmente contemplaba un motor de 1.6 litros, pero finalmente se optó por un 2.1 litros derivado del Celica GT-Four ST165, capaz de entregar alrededor de 650 CV y 640 Nm de par. Se rumorea que el turbo tardaba unos tres segundos en responder, y la presión podía ajustarse desde el habitáculo. La potencia se distribuía a las cuatro ruedas a través de un cambio manual de cinco velocidades, aunque también se probó una configuración de tracción trasera.

El desarrollo del Toyota 222D se realizó en paralelo en Alemania y Japón, un esfuerzo conjunto que reflejaba la ambición de Toyota. Sin embargo, la tragedia del Rally de Córcega de 1986, con la muerte de Henri Toivonen y Sergio Cresto, puso fin a los planes del Grupo B y, por ende, del Grupo S. La FISA decidió cancelar la nueva categoría, optando en su lugar por el Grupo A. Los prototipos como el 222D quedaron a medio camino, sin la oportunidad de demostrar su potencial.

Aunque el proyecto 222D quedó inconcluso, Toyota continuó compitiendo en rallies con modelos como el Celica y el Supra, cosechando éxitos en el Campeonato Mundial de Rally (WRC) en años posteriores. El Toyota 222D, sin embargo, se convirtió en un símbolo de lo que pudo ser. De los dos ejemplares existentes –uno en el Toyota Mega Web de Tokio y otro en Toyota Motorsport GmbH en Colonia–, ninguno ha vuelto a rodar. Un recordatorio tangible de una oportunidad perdida en la historia del motor.

La historia del Toyota 222D no es solo la de un coche que nunca compitió; es la de una ambición truncada, un sueño de velocidad y seguridad que se vio víctima de las circunstancias. Un epitafio en fibra de carbono y acero.