Fiesta st: el pequeño deportivo que desafió al mondeo

El Ford Fiesta ST del 2005, un coche que hoy, 21 años después de su lanzamiento, se busca por unos 6.000 euros, no es solo un modelo retro. Fue el germen de una tradición deportiva que pocos recuerdan.

Un subidón de adrenalina con motor de berlina

Un subidón de adrenalina con motor de berlina

Recordamos los Ford ST200 y ST220 de los 90 y 2000, con sus potentes V6. Pero la historia del Fiesta ST tiene un origen más modesto, ligado a la necesidad de Ford de competir en el segmento de los compactos deportivos de la década de 1970. Una respuesta directa al éxito del Renault 5 y otros rivales emergentes.

La primera generación del Fiesta, que perduró hasta 2023, se forjó como un coche versátil, económico y fiable. Pero a finales de los 90 y principios del 2000, la demanda de coches con carácter deportivo se disparó. Ford, que ya tenía una versión más radical del Focus, decidió darle una dosis de emoción al Fiesta, siguiendo la línea de modelos como el XR2.

La quinta generación del Fiesta recibió un lavado de cara sustancial. Faldones, alerón, escape cromado y llantas de 16 pulgadas le daban una presencia agresiva. Dentro, asientos deportivos de cuero y detalles en aluminio completaban un habitáculo con un toque más deportivo. Pero la verdadera sorpresa estaba bajo el capó.

El corazón del Fiesta ST original no era el motor V6 de las berlinas ST. En su lugar, utilizaba un 2.0 litros de cuatro cilindros, idéntico al del Mondeo, pero retocado por el Team RS. La potencia pasó de 145 CV a 150 CV, con un par motor de 190 Nm. La entrega de potencia se realizaba al eje delantero a través de una caja de cambios de cinco velocidades.

La experiencia al volante era sorprendente. El Fiesta ST se sentía mucho más ágil y vivaz que el Mondeo, aunque compartía mecánica. El motor ofrecía su mejor rendimiento por encima de 4.000 rpm, pero su carácter atmosférico lo hacía más dócil que otros compactos deportivos de la época, que apostaban por el turbo.

El comportamiento en curvas era un punto fuerte. El peso en el eje trasero y un retocado eje trasero permitían una conducción divertida y fácil de controlar. Además, no era lento. Los frenos, con discos ventilados de 278 mm en la parte delantera y macizos de 253 mm en la trasera, eran un avance importante para un compacto de la época. Fue el primer Fiesta en incorporar discos en el eje trasero.

El Ford Fiesta ST de primera generación se posicionó como un rival directo del Renault Clio Sport, el Peugeot 206 GTI y el Seat Ibiza FR. Aunque no ofrecía la dureza de algunos competidores, era un coche muy adecuado para el día a día. Más tarde, llegaron otras variantes ST basadas en las siguientes generaciones del Fiesta, pero la original sentó las bases con un motor derivado de una berlina y una personalidad propia. Un coche que hoy, a pesar de los años, sigue teniendo su encanto.

Un pequeño deportivo que demostró que la diversión no necesita un motor hiperpotente, sino un buen chasis y un enfoque acertado. Y, a día de hoy, es una invitación a la conducción pura.