Ford en la cuerda floja: almussafes, crisis y la sombra de geely
La semana que viene, Jim Baumbick, presidente de Ford Europa, pisará el suelo valenciano, pero no para celebrar. La planta de Almussafes, con sus 4.000 empleados, se encuentra en un punto de no retorno, con la producción reducida a un solo modelo –el Kuga– y una amenaza latente en forma de Geely.
El rugido del asfalto se ha apagado
Los últimos años han
sido un recordatorio constante de la fragilidad de este gigante del automóvil. La amenaza de una adquisición por parte de Geely, un nombre cada vez más presente en el panorama automotriz chino, se materializó en contactos concretos para que la planta valenciana se convirtiera en una filial de la marca. La situación actual, lejos de mejorar, se ha estancado, condenando a la fábrica a una producción monótona y a un ERTE que, como no, ha arrastrado retrasos en el lanzamiento del esperado modelo híbrido, prometido para 2027.La llegada de Baumbick, prevista para el 23 de abril, se presenta como una especie de último recurso. La Unión General de Trabajadores (UGT) espera que estas reuniones, que incluirán también a directivos de la firma continental, sirvan para desatascar la situación, pero el optimismo no es lo que se respira en las murallas de la planta. La incertidumbre es palpable, alimentada por la constante negociación con Geely y la falta de noticias concretas sobre el nuevo híbrido.
No es casualidad que, en medio de este panorama sombrío, se conozca que hace meses la empresa china Geely Auto se mostró interesada en establecer una planta de producción en Almussafes, aprovechando las infraestructuras existentes. La inactividad de Ford, y la falta de una explotación óptima de sus recursos, ha abierto la puerta a la competencia, poniendo aún más de manifiesto la necesidad urgente de tomar decisiones.

El kuga: un solo grito en el vacío
Desde 2019, la factoría se ha dedicado exclusivamente a la fabricación del Ford Kuga. Una estrategia, sin duda, pragmática, pero que a la larga ha contribuido a la desmotivación de los trabajadores y a la pérdida de competitividad. La promesa de un modelo híbrido, ahora remotísima, se ha convertido en un símbolo de la falta de visión a largo plazo.
La semana que viene, Baumbick tendrá la oportunidad de cambiar ese relato. Pero, francamente, la pregunta no es si tomará medidas, sino cuáles. El tiempo apremia. La fábrica de Almussafes, un tiempo un motor de empleo y prosperidad, corre el riesgo de convertirse en un triste ejemplo de lo que ocurre cuando la innovación se estanca y la estrategia se diluye en la inacción.
