Guerra en oriente medio: cierre del estrecho de ormuz dispara precios de la gasolina y el diésel

El ataque a Irán el 28 de febrero ha provocado una crisis energética con consecuencias directas en los bolsillos de los consumidores. El cierre de la ruta de los petroleros por el Estrecho de Ormuz ha disparado el precio del petróleo, un aumento que ya se refleja en los surtidores.

El diésel, el combustible más afectado

El diésel, el combustible más afectado

La subida es notable. El precio de la gasolina ha subido un 16% y el diésel un 24% en cuestión de días, según datos de Roams, plataforma que monitoriza los precios de los carburantes. Este incremento no es casual. El diésel, vital para el transporte pesado y la logística, reacciona de forma más intensa a la volatilidad del mercado internacional.

La cifra habla por sí sola: llenar un depósito de 50 litros ahora cuesta más de 100 euros, un 73% más que a principios de año. Si la tensión persiste, se proyecta que la gasolina podría acercarse a los 2,08 euros por litro y el diésel a los 2,47 euros por litro. Estos niveles no se observaban desde la crisis de junio de 2022.

El impacto se extiende más allá del uso particular del vehículo. El encarecimiento del combustible afecta a los costes de transporte y distribución, lo que se trasladará a otros productos. Los sectores clave de la economía se enfrentan a un nuevo reto.

Donald Trump había anunciado recientemente que la guerra estaba “casi terminada”. Pero la escalada en Oriente Medio sigue presionando los mercados. Y es que el Estrecho de Ormuz es una arteria vital. Por él transita alrededor de una quinta parte del petróleo que se consume en todo el mundo. Cualquier alteración en esa ruta tiene efectos inmediatos.

El incremento en el precio del diésel, en particular, supera con creces el de la gasolina. Un depósito de 50 litros, que antes costaba alrededor de 70 euros, ahora supera los 90. Este aumento se traduce en una presión adicional sobre las empresas de transporte y, finalmente, en precios más altos para el consumidor final. La evolución de los precios en las próximas semanas dependerá de la intensidad del conflicto y de su impacto en el flujo de petróleo global. Un escenario de alta volatilidad y precios elevados parece, por ahora, la opción más probable.

El aumento del combustible ya se percibe en los estaciones de servicio. Los conductores se enfrentan a una realidad: cada viaje se ha vuelto más caro. La situación exige una adaptación rápida a un nuevo coste energético que, por ahora, no muestra indicios de retroceso.

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