La profesora de autoescuela Mireia Brunet: "Preferiría que el motor se apagase antes que el alumno se descontrole"
En un contexto en el que la ansiedad por calar el vehículo suele atenazar a quienes se pones al volante por primera vez, la instructora enfatiza que un fallo técnico menor en la gestión de los pedales carece de peligro real, mientras que la falta de atención hacia el entorno circundante representa el verdadero riesgo para la seguridad vial en la vía pública.

La profesora de autoescuela Mireia Brunet: "Preferiría que el motor se apagase a
La enseñanza de la conducción ha estado históricamente marcada por el estrés que genera en los alumnos el control mecánico del automóvil. El temor a que el motor se detenga bruscamente en una intersección, un semáforo o una incorporación concurrida genera una tensión paralizante que, en la mayoría de las ocasiones, desvía la atención de lo que verdaderamente importa.
Brunet sostiene que este enfoque tradicional resulta equivocado, ya que priorizar la fluidez del vehículo por encima de la observación consciente conduce a situaciones potencialmente peligrosas en las que el aspirante a conductor pierde el control de la trayectoria o ignora la presencia de otros usuarios de la vía.
Cuando un alumno se obsesiona con no calar el coche, su mirada tiende a fijarse de manera obsesiva en el cuadro de instrumentos, la palanca de cambios o los pedales, abandonando por completo la supervisión de los espejos retrovisores y de los ángulos muertos. Esta pérdida de perspectiva espacial es, según la docente, el factor determinante en la aparición de maniobras erráticas e imprevistas.
Un vehículo parado involuntariamente en la calzada suele provocar, como mucho, la impaciencia de otros conductores o un pequeño retraso, pero un automóvil que continúa en movimiento sin que quien lo maneje sea consciente de peatones, ciclistas o coches adyacentes puede derivar en accidentes de gravedad.
El aprendizaje de la conducción no debe entenderse como un mero acto de coordinación física entre el embrague y el acelerador, sino como un proceso integral de gestión del entorno y toma de decisiones en tiempo real. Para Brunet, la prioridad absoluta durante las clases prácticas debe ser la creación de un hábito de observación constante y estructurado.
Los alumnos deben aprender a anticiparse a los movimientos de los demás elementos del tráfico antes de preocuparse por la finura con la que efectúan los cambios de marcha, puesto que la destreza técnica se adquiere con la práctica repetida, mientras que la actitud preventiva debe consolidarse desde el primer día.
La presión social y el miedo al ridículo juegan un papel perjudicial en las etapas iniciales de la formación al volante. Muchos aprendices sienten una urgencia desmedida por reanudar la marcha rápidamente cuando el coche se detiene por error, lo que les lleva a soltar el embrague con precipitación y sin verificar si la vía permanece despejada. Esta precipitación impulsada por los nervios es precisamente la que genera situaciones de peligro.