Mercedes, la sed de potencia que cambió el juego

La marca alemana apostó fuerte por el deportivo de altas prestaciones en los 80, desafiando al M3 y reclamando el trono de los turismos deportivos. Un movimiento audaz que marcó un antes y un después en su historia.

El m102.990: un cuatro cilindros que desafió a la competición

En la década de 1980, Mercedes-Benz no se conformaba con la elegancia de sus berlinas. El fabricante de Stuttgart quería demostrar su capacidad para crear un deportivo capaz de competir directamente con el icónico BMW M3. Para ello, recurrió a la experiencia de Cosworth, especialista en motores de competición, y nació el 190E 2.5-16.

Bajo su capó se escondía el motor M102.990, un cuatro cilindros de 2.498 cc que representaba una evolución significativa. No era el primer motor de esta familia, ya que el 190E 2.3-16, presentado en 1983, utilizaba una culata de 16 válvulas desarrollada por Cosworth sobre el bloque M102 de Mercedes. Esta tecnología permitió a la marca de la estrella adentrarse en un segmento hasta entonces dominado por marcas especializadas en deportivos.

Un motor pulido para la pista y la carretera

Un motor pulido para la pista y la carretera

Pero la competencia del BMW M3 y las exigencias de la época obligaban a ir más allá. Así nació el M102.990 en 1988, un motor atmosférico equipado con inyección Bosch KE-Jetronic y encendido electrónico que alcanzaba las 7.000 rpm. Para aumentar la fiabilidad, Mercedes reforzó la cadena de distribución con una doble cadena de rodillos, rediseñó el cigüeñal, las bielas y los pistones, y optimizó los circuitos de lubricación y refrigeración. Versiones con catalizador ofrecían 195 CV a 6.750 rpm y un par máximo de 235 Nm. Sin catalizador, la potencia subía a 204 CV y el par a 240 Nm.

El conjunto se transmitía al eje trasero a través de una caja Getrag de cinco velocidades con la característica disposición dog-leg y, en algunos mercados, con un diferencial autoblocante. El 190E 2.5-16, con este motor, aceleraba de 0 a 100 km/h en 7,1 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de 240 km/h. Una cifra que, para la época, era bastante impresionante.

El final de una era

El final de una era

El M102.990 marcó el fin de una etapa para Mercedes, convirtiéndose en el último gran cuatro cilindros atmosférico de altas prestaciones desarrollado sobre la familia M102 antes de la introducción de la nueva generación M111. Este motor, que sirvió de base para las versiones Evolution I y Evolution II, homologadas para el DTM, allanó el camino para los motores de competición que llegaron a superar los 370 CV. Una herencia que, sin duda, merece ser recordada.