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Mitsubishi Lancer Evolution: La Solución Ingeniosa para Combatir el Calor del Intercooler

La temperatura en los motores turbo es un factor crítico que afecta significativamente al rendimiento, especialmente en coches deportivos. El Mitsubishi Lancer Evolution de los años 90 ejemplifica este desafío, un problema que la marca japonesa abordó con una solución innovadora y aún vigente.

Un Sistema de Riego Directo al Intercooler

La berlina deportiva de Mitsubishi, durante diez generaciones, trasladó la filosofía de los rallies a las calles gracias a su motor de cuatro cilindros turboalimentado. Este motor ofrecía una respuesta notable al entrar en funcionamiento, superando a las alternativas atmosféricas. Sin embargo, el turbocompresor, al aumentar la cantidad de aire, también elevaba la temperatura, requiriendo intercoolers para enfriar el aire comprimido.

No obstante, los intercoolers también podían sobrecalentarse, afectando al rendimiento y la mecánica del vehículo. Mitsubishi encontró una solución ingeniosa: incorporar un sistema que impregnaba agua directamente en el intercooler. A través de un botón interior, se activaba un spray de agua que refrigeraba el componente mediante la absorción del calor del aire. Esta técnica, inicialmente implementada en el Lancer Evolution III de 1995 (con un motor 4G63 que desarrollaba 270 CV), se refinó con el tiempo, llegando incluso a una versión automática que se activaba solo cuando era necesario.

Un Legado que Persiste

Un Legado que Persiste

Aunque otros fabricantes optaron por ubicar los intercoolers en diferentes lugares para mitigar el calor, la solución de Mitsubishi demostró ser eficaz. Esta técnica se mantuvo vigente durante décadas, y actualmente, el Toyota GR Yaris Aero Pack, un pequeño deportivo japonés, sigue utilizando un sistema similar en 2026, evidenciando la longevidad y efectividad de esta solución del pasado.