Texas endurece las reglas para conducir camiones: el español fuera de la carretera
El Departamento de Seguridad Pública de Texas ha cerrado de golpe las puertas a los exámenes teóricos y prácticos del permiso de conducir comercial (CDL) en español. Un cambio radical que impacta directamente en la comunidad latinoamericana, un bloque demográfico que constituye una parte significativa de la fuerza laboral en el sector transporte.

Un nuevo muro lingüístico en el asfalto
La medida, impulsada por directrices federales que buscan reforzar el dominio del inglés en los permisos de conducir comerciales, obliga ahora a los aspirantes a conductores profesionales a demostrar su competencia en este idioma. Texas, siempre a la vanguardia en la adopción de estas normas, se ha convertido en el primer estado en implementar esta restricción de forma tan contundente.
Pero la historia no termina ahí. El estado, en un movimiento que parece una contradicción, también ha reabierto un programa para permitir que los trabajadores con visado H-2A obtengan permisos de conducir comerciales sin necesidad de demostrar residencia en el territorio.
Esta excepción, sin embargo, viene con un coste: aquellos que se hayan obtenido su carnet de conducir comercial bajo programas anteriores, como DACA, TPS o el estatuto de refugiado, ya no podrán renovarlo. Un recorte que genera incertidumbre y preocupación en muchos conductores.
El 1 de junio, las oficinas del DPS dejarán de ofrecer exámenes escritos e informatizados del CDL en español. Los inspectores seguirán realizando evaluaciones de dominio del inglés durante las inspecciones en carretera y las paradas de tráfico, con el riesgo de que los conductores sean retirados de la circulación si no superan estas pruebas. La cifra es alarmante: tres de cada cuatro conductores se transforman al volante, una estadística que subraya la importancia de la seguridad vial.
La administración Trump ha estado implementando cambios graduales en los permisos de conducir comerciales durante el último año, pero esta medida representa un salto cualitativo, un mensaje claro: el inglés es la lengua del negocio, del asfalto y, aparentemente, de la carretera. Un escenario que plantea interrogantes sobre la inclusión y la equidad en un sector vital para la economía estadounidense. La situación es, en definitiva, un terreno movedizo para miles de trabajadores y sus familias.