Toyota simula el tacto del embrague: una apuesta arriesgada por recuperar el control en sus eléctricos

Toyota, lejos de conformarse con la etiqueta de fabricante fiable, está apostando por una estrategia audaz: recrear la experiencia de conducción de un coche con cambio manual en sus vehículos eléctricos.

Un giro inesperado hacia la nostalgia del motor

Un giro inesperado hacia la nostalgia del motor

La marca japonesa, consciente de la resistencia de muchos conductores a renunciar a la sensación del pedal y la palanca, ha registrado una patente que define lo que llaman ‘modos N’. Esta innovación, inspirada en el Hyundai Ioniq con su limitador de revoluciones, introduce una simulación del embrague y el cambio de marchas, incluso imitando las limitaciones de un coche de combustión tradicional.

La idea, según CarBuzz, busca engañar al conductor, creando una sensación de control y respuesta que, hasta ahora, ha sido una carencia notable en los eléctricos. No se trata de un cambio real, por supuesto, sino de una manipulación inteligente del software que recrea la discontinuidad del par motor al soltar el acelerador, como si se accionara un embrague.

El detalle crucial: el sistema ajusta la potencia de forma intermitente, penalizando el exceso de velocidad si el conductor no cambia de marcha a tiempo. Es un guiño a los conductores más exigentes, aquellos que añoran la reactividad y la conexión con el vehículo que les faltaba en los eléctricos más recientes.

Toyota, que ya ha mencionado su deseo de evitar coches “aburridos”, ha encontrado en esta patente una forma de abordar la crítica más persistente: la falta de inmediatez en la aceleración. El Ferrari Luce, con su estética evocadora de los clásicos italianos, es un ejemplo de esa búsqueda de un diseño que resuene con la pasión por la conducción.

La patente detalla el funcionamiento del sistema, que se basa en un dispositivo virtual que imita el funcionamiento de un embrague. El software analiza la velocidad del motor y la marcha, simulando la interrupción del par motor al soltar el acelerador, tal y como ocurre en un coche de combustión. Incluso, el sistema considera la presencia de otro vehículo detrás para evitar situaciones de riesgo.

Esta iniciativa, aunque aparentemente un ejercicio de ingeniería, podría ser un punto de inflexión. Toyota, con esta apuesta por la simulación táctil, demuestra que no se limita a seguir las tendencias, sino que busca activamente recuperar una parte de la experiencia de conducción que muchos conductores consideran esencial. Sin embargo, la viabilidad comercial de esta tecnología aún está por verse, y su impacto real dependerá de cómo se integre en los futuros modelos de la marca.