Pogacar, el porsche y el eco de la velocidad

El Tour de Francia lo ganó, sí, pero Tadej Pogacar lo conquistó con un premio que va más allá del oro: un Porsche 911 GT3 RS que, al principio, no tenía ni siquiera sitio en su garaje.

El precio de la victoria, y el precio de la logística

El ciclista serbio, con cinco Tours en su palmarés, se deshojó en su primera gran victoria, el 2020, con este deportivo de Stuttgart. El gesto, el reconocimiento a su esfuerzo, se tradujo en un 911 GT3 RS. Un modelo que, según desveló su compañero Michael Matthews, se convirtió en una de las prioridades de Pogacar tras cada triunfo.

“Cuando ganó su primera etapa, dije: ‘Bien, ahora, ¿debería empezar a buscar Porsches?’. Él dijo: ‘Sí, sí, comience la búsqueda’. Y luego ganó otro, y otro, y luego ganó la general. Dije, vale, ¿Qué Porsche ahora? Ya no sé cuál buscar porque hay un rango bastante grande cuando ganas el Tour de Francia y muchas etapas…”, reconoció Matthews, describiendo una necesidad casi compulsiva.

Un deportivo con problemas de espacio

Un deportivo con problemas de espacio

La compra inicial del 911 GT3 RS no estuvo exenta de complicaciones. Según fuentes cercanas al equipo, el coche, a pesar de su prestigio, no tenía espacio para estacionarse en la vivienda de Pogacar. Fue entonces cuando un amigo intervino, facilitando el proceso. Un detalle que, lejos de ser anécdota, revela la intensidad de la pasión del ciclista por el mundo del motor.

Más que un coche, un sueño

Más que un coche, un sueño

El 911 GT3 RS, con su motor 4.0 de 525 CV, representa para Pogacar más que un simple vehículo de lujo. Es el tangible recuerdo de sus victorias, un símbolo de su dedicación y la culminación de un sueño infantil. “El Porsche GT3 RS sigue siendo mi coche favorito, con el que soñaba desde que era niño. Pero estaría feliz de probar algo más, digamos un buen Ferrari”, admitió el propio Pogacar en una entrevista reciente.

Un futuro en la carretera (y en la pista)

Un futuro en la carretera (y en la pista)

A pesar de su éxito en el ciclismo, el amor de Pogacar por los automóviles permanece intacto. “Me encantan los coches y conducirlos. Paso mucho tiempo en la carretera y en el coche, por lo que en cierto modo es una forma de cubrir distancias, y también disfruto mucho conduciendo”, explicó. Aunque por ahora su leyenda se forja en dos ruedas, no se descarta que en el futuro veamos al serbio desafiando los límites en un circuito de competición. Su aspiración, como reconoció, es conducir su propio coche rápido en la pista.

Con cinco Tours ganados y un Porsche 911 GT3 RS que aún no encuentra su sitio, Tadej Pogacar es un ejemplo de que la victoria, en cualquier disciplina, a menudo viene acompañada de una pasión diferente.