El precio de la gasolina se dispara: australia apuesta por combustibles más sucios para frenar la subida
El bolsillo de los conductores se resiente. En apenas dos semanas, la gasolina y el diésel han escalado a cotas alarmantes, generando un creciente malestar social. La situación, exacerbada por la guerra en Ucrania y la incertidumbre geopolítica, ha llevado a un país a tomar una medida controvertida.

Australia relaja las normas de calidad del combustible para aliviar la presión en los precios
Ante la escalada de los precios de la gasolina y el diésel, Australia ha anunciado una medida temporal que permitirá el uso de combustibles con mayor contenido de azufre. La decisión, comunicada por el Ministro de Cambio Climático y Energía, Chris Bowen, busca aumentar el suministro y frenar la presión sobre los precios, que se han disparado un 15% en las últimas dos semanas.
La medida, que entra en vigor el 15 de diciembre de 2024, permitirá la mezcla de gasolina con un nivel máximo de azufre del 10 partes por millón, con el objetivo de redirigir aproximadamente 100 millones de litros mensuales de gasolina que de otra forma se habrían exportado.
La situación en España no dista mucho de la australiana. El viernes 13 de marzo, la gasolina 95 superaba los 1,707 €/l y el diésel se situaba en los 1,830 €/l. Estos precios, que ya han superado los máximos de 2022, han provocado la alarma en sectores como el transporte pesado, cuyos costes operativos se han multiplicado. Un camión puede costar más de 2.500 euros llenar el depósito, según señalan asociaciones del sector.
La Agencia Internacional de Energía (AIE) ha respondido a la crisis liberando 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas estratégicas, una medida similar a la adoptada tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. Sin embargo, la medida no ha logrado contener la subida de los precios en los surtidores españoles. El gobierno español aún no ha ofrecido una respuesta concreta a las peticiones de los sectores afectados, incluyendo la posibilidad de aplicar medidas similares a las australianas.
La preocupación no se limita a los precios de los combustible. La guerra en Ucrania ha interrumpiendo el flujo de crudo, poniendo en riesgo el suministro y elevando los precios a nivel mundial. Otros países, con estándares de calidad más exigentes, han limitado o prohibido el uso de combustibles menos refinados, reduciendo la oferta disponible y contribuyendo a la crisis.
La liberación de reservas por parte de la AIE es una válvula de escape temporal. Pero el verdadero desafío radica en la búsqueda de alternativas energéticas y en una política energética que garantice la seguridad del suministro a largo plazo. La situación, lejos de ser una excepción, parece ser el nuevo normal.
La prioridad ahora es la estabilidad. Y mientras los precios siguen subiendo, la incertidumbre se instala como un inquilino permanente en el bolsillo de los ciudadanos.
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