Radares de remolque: la dgt intensifica la vigilancia en obras
La DGT despliega un nuevo sistema para controlar la velocidad, especialmente en zonas de construcción. ¿Qué significa esto para los conductores?

Nuevos radares móviles, pero con una ubicación impredecible
La pesadilla de las multas por exceso de velocidad se agrava. La Dirección General de Tráfico (DGT) ha comenzado a desplegar radares de remolque en las carreteras españolas, una medida que busca reforzar la vigilancia y reducir los infractores, especialmente en las zonas de obras.
Estos dispositivos, que se desplazan por la vía en vehículos especiales, representan una evolución con respecto a los radares fijos o móviles tradicionales. Su principal particularidad es su ubicación variable, lo que dificulta a los conductores anticipar su presencia. La cifra habla por sí sola: se estima que un radar de remolque puede emitir hasta 20 multas por minuto.
Actualmente, uno de estos radares se encuentra temporalmente instalado en la autovía A-1, concretamente a la altura de la salida 45 en sentido descendente. Esta ubicación es estratégica, ya que se sitúa en un tramo en obras, donde la velocidad máxima permitida es de 100 kilómetros por hora. La DGT espera que esta medida disuada a los conductores de no respetar los límites de velocidad en estas zonas, donde el riesgo de accidentes es mucho mayor.
El año pasado, 15.000 sanciones se impusieron por exceso de velocidad en zonas de obras. La DGT busca reducir drásticamente este número con esta nueva estrategia de control. La batería de estos radares puede funcionar hasta dos semanas con una sola carga y están conectados a internet para facilitar la tramitación de las sanciones.
Pero hay un detalle: la ubicación de estos radares no es fija. Se desplazan a diferentes puntos de la carretera, lo que obliga a los conductores a mantener una atención constante. Es una apuesta por la disuasión, pero también por la seguridad de los trabajadores que operan en las zonas de construcción.
La DGT no oculta su intención de ampliar el despliegue de estos radares a otras vías de la red. Con una velocidad de respuesta de hasta tres segundos por multa, estos sistemas se presentan como una herramienta eficaz para hacer cumplir la normativa y evitar accidentes. La nueva medida, sin duda, transformará la forma en que los conductores afrontan los tramos de obras.
La velocidad máxima en el tramo de obras donde se encuentra el radar es de 100 km/h, pero la presencia del dispositivo obliga a reducirla. Y no solo por el riesgo de una multa, sino por el bienestar de los operarios que trabajan en la vía. La seguridad no puede esperar.
La DGT ha puesto en marcha un sistema que no deja lugar a dudas: la vigilancia en las obras se intensifica. Y los conductores que no se adapten a la nueva realidad, enfrentarán las consecuencias.